La luz del nuevo estudio
Querido amigo:
Como sé que te gustaba saber cómo eran las habitaciones desde donde escribíamos y te interesaba cada rincón que albergaba nuestras historias, aquí te enseño mi nuevo estudio de la casa de "Valdebruma" (que me ha dado por llamar así a nuestra "villa" particular para darle un toque más literario).
Si recuerdas aquel oscuro y pequeño cuchitril donde solíamos trabajar en el pasado, te alegrará ver el cambio radical que ha dado mi espacio de trabajo. Nada más entrar, lo que más sorprende es la inmensa cantidad de luz natural que inunda la estancia durante todo el día, permitiendo trabajar sin la fatiga de antaño y conectando de inmediato con el exterior.
Al otro lado de la ventana, las ramas de nuestro viejo manzano se inclinan hacia el alféizar, cargadas de frutos que maduran bajo el sol estival. Es imposible mirar hacia afuera y no sentir que estás aquí, sentado en el borde de la mesa, con esa media sonrisa cómplice y los ojos curiosos recorriendo cada rincón.
El estudio respira una calidez muy especial gracias a la cómoda de madera de castaño, que se funde con la antigua mesa de escritorio y el suelo, también de madera. Es un refugio de tonos tostados, ocres y rojizos.
Los detalles de este nuevo rincón
La ventana al jardín: El manzano es el gran protagonista. Sus manzanas tintadas de rojo y verde se asoman tímidamente, inundando la habitación de luz y convirtiendo el verano en parte de nuestras historias. En el interior, una cesta de mimbre repleta de la reciente cosecha descansa junto a la mecedora, como una invitación a saborear el momento.
La repisa de objetos: En la pared, justo encima del monitor donde reposa el viejo mapa, hemos instalado una repisa de madera de pino tratado. En ella se alinean los tomos de siempre, acompañados por un pequeño catalejo de bronce y un compás náutico. Son objetos que evocan viajes y descubrimientos, un guiño a tu alma inquieta y exploradora.
La mesa de trabajo: Sigue dominada por el escritorio de madera de roble. El ordenador se camufla entre viejos libros abiertos, plumas estilográficas y un plato con manzanas recién cogidas. Todo está dispuesto tal y como a ti te gustaba: listo para que las palabras fluyan sin prisa.
Sé que te encantaba asomarte para observar desde dónde dábamos forma a nuestros relatos, imaginar los mundos que cruzaban estas paredes. Hoy, mientras escribo estas líneas bajo la sombra verde y roja del manzano y bañado por esta nueva luz, me gusta pensar que sigues ahí, mirando por encima del hombro, disfrutando del paisaje y esperando la siguiente frase.
Que la salud te acompañe.
Precioso el estudio y maravilla de vistas, doy fe
ResponderEliminarY lo bueno es que cada día mejor. ❤️🌺
EliminarFernando, para escribir con la vena poética que derramas en cada una de tus reflexiones, soñadas o vividas, es preciso hacerlo desde un lugar tan especial como el que describes. No te acostumbres demasiado a la claridad veraniega, porque en algún momento llegarán las penumbras otoñales. Aunque sabido es que los poetas se adaptan con facilidad a los cambios de estación.
EliminarUy, llevo ya en esta aldea hace más de ocho años y en la casa acual más de dos y cada estación tiene su magia. Lo que no me gusta es cuando la sequía se prolonga demasiado y el calor aprieta, porque tememos que los bosques se nos quemen, que Galicia ya no es lo que era en cuestión de lluvias.
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