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El perfume del viento

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Hay días en que la atmósfera decide ponerse en alta definición. Días en los que el viento del norte sopla con la fuerza justa para barrer la calima, limpiar los horizontes y dejarnos el cielo pintado de un azul nítido, transparente. Es en esos mediodías, bajo la sombra protectora del viejo manzano, donde el aire parece hecho únicamente de aromas. Sostengo una cerveza fría en la mano, contemplando la claridad del día. Las gotas de condensación resbalan perezosas por el cristal, atrapando los reflejos dorados del mediodía, mientras una corriente fresca me trae un mensaje lejano. Huele a pino. Es un aroma balsámico, resinoso, pero no sé de dónde proviene. Tengo pinos piñoneros en casa, aunque son todavía diminutos; el más alto apenas mide diez centímetros y es imposible que sean ellos quienes desprendan tanta intensidad. Me llevo las manos a la nariz. Es posible que aún conserven ese olor: he estado enredando con ellos por la mañana, aunque también con otras plantas. El viento de hoy no e...

El día que renuncié a ser santo

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Harto de no poder ser santo  ( ver aquí capítulo anterior ), se lo confesé directamente al cura: —Padre, no puedo ser santo. Lo he intentado con todas mis fuerzas, pero he fracasado. El buen sacerdote, uno de mis favoritos, me dio enseguida la absolución mientras me explicaba que aquello era totalmente normal; que resultaba muy difícil contentar a todo el mundo a la vez, y que hacía bien con limitarme a dar lo mejor de mí, pues con eso bastaba. Salí muy satisfecho de la iglesia después de rezar varios padrenuestros y bastantes avemarías. Inmediatamente después me fui al cine a ver Comando , de Don Siegel. Al salir de la sala, después de presenciar cómo el indómito e indisciplinado sargento interpretado por Steve McQueen moría de forma heroica y brutal en el asalto final a aquel búnker alemán —secundado por un simpático Bobby Darin—, sentí que era otro hombre. Ahora ya no aspiraba a la santidad; ahora iba a ser algo mucho más fácil y fascinante: un tipo duro y asocial que ...

La luz del nuevo estudio

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 Querido amigo: Como sé que te gustaba saber cómo eran las habitaciones desde donde escribíamos y te interesaba cada rincón que albergaba nuestras historias, aquí te enseño mi nuevo estudio de la casa de "Valdebruma" (que me ha dado por llamar así a nuestra "villa" particular para darle un toque más literario). Si recuerdas aquel oscuro y pequeño cuchitril donde solíamos trabajar en el pasado, te alegrará ver el cambio radical que ha dado mi espacio de trabajo. Nada más entrar, lo que más sorprende es la inmensa cantidad de luz natural que inunda la estancia durante todo el día, permitiendo trabajar sin la fatiga de antaño y conectando de inmediato con el exterior. Al otro lado de la ventana, las ramas de nuestro viejo manzano se inclinan hacia el alféizar, cargadas de frutos que maduran bajo el sol estival. Es imposible mirar hacia afuera y no sentir que estás aquí, sentado en el borde de la mesa, con esa media sonrisa cómplice y los ojos curiosos recorriendo cada ...

El peso de la polis y la paz del huerto

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En el Jardín de Epicuro se reúnen, un día más, los jóvenes discípulos del Maestro: dos muchachos y tres muchachas que buscan la sabiduría lejos del mundanal ruido. Es domingo, un día radiantemente soleado, y acaban de regresar de la asamblea de la polis. Allí, los diversos dirigentes han expuesto sus encendidos discursos y sus razones para ganarse el favor de los ciudadanos, en una jornada especialmente amarga, marcada por los reproches mutuos y las acusaciones cruzadas de traición y venalidad. El ambiente de Atenas, encadenado a las constantes disputas entre las facciones locales y el yugo de Macedonia, ha dejado un poso de profunda fatiga en sus ánimos. Buscando el refugio de este oasis de serenidad, los jóvenes se han sentado alrededor de una sólida mesa de madera, dispuesta en ese rincón exacto donde se trenzan la sombra de las parras y el sol que se filtra entre las hojas. El aire es agradable y alivia el calor del mediodía gracias al Bóreas, ese viento del norte que limpia el cie...

¡Hola, verano! Brindemos por una temporada de equilibrio y buenos momentos

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 Por fin ha llegado. Ese momento del año en el que los días se estiran, la luz nos regala horas extra y el cuerpo nos pide un respiro. El verano ya está aquí, y con él, la eterna promesa de desconectar, disfrutar y recargar energías. Pero este año, más que nunca, pedimos un verano a la altura de nuestras esperanzas, y sobre todo, un verano amable con el entorno que nos rodea. Que el calor nos dé una tregua Soñamos con días soleados para disfrutar al aire libre, pero sin extremos agobiantes. Que la brisa sea generosa, que las noches inviten a pasear sin ahogarnos y que el termómetro se mantenga en ese punto justo donde lo único que se derrite son las preocupaciones. Por unos montes verdes y seguros Brindamos por una temporada donde la naturaleza respire tranquila. Crucemos los dedos —y pongamos toda nuestra responsabilidad y cuidado— para que nuestros bosques, montes y parajes sigan luciendo espléndidos y a salvo de cualquier sobresalto. Cuidar de nuestro entorno es la regla de oro ...