El perfume del viento
Hay días en que la atmósfera decide ponerse en alta definición. Días en los que el viento del norte sopla con la fuerza justa para barrer la calima, limpiar los horizontes y dejarnos el cielo pintado de un azul nítido, transparente. Es en esos mediodías, bajo la sombra protectora del viejo manzano, donde el aire parece hecho únicamente de aromas. Sostengo una cerveza fría en la mano, contemplando la claridad del día. Las gotas de condensación resbalan perezosas por el cristal, atrapando los reflejos dorados del mediodía, mientras una corriente fresca me trae un mensaje lejano. Huele a pino. Es un aroma balsámico, resinoso, pero no sé de dónde proviene. Tengo pinos piñoneros en casa, aunque son todavía diminutos; el más alto apenas mide diez centímetros y es imposible que sean ellos quienes desprendan tanta intensidad. Me llevo las manos a la nariz. Es posible que aún conserven ese olor: he estado enredando con ellos por la mañana, aunque también con otras plantas. El viento de hoy no e...