Buscando la armonía bajo las secuoyas de Buchabad Estoy tumbado en el sofá. Fuera, el mundo ruge con un eco lejano: son las motos que van y vienen de la concentración, un ruido que habla de velocidad, de adrenalina y de esa urgencia por llegar a algún lugar. Dentro, sin embargo, el aire es distinto. En mi altavoz suena el Miserere mei, Deus de Gregorio Allegri, interpretado por Tenebrae. Esa nota alta, ese Do agudo que parece rozar el cielo, no es solo música; es una señal para mi cerebro de que todo está bien . Mientras converso con Elena sobre la felicidad, caigo en la cuenta de que la paz es, en realidad, una sutil armonía química. Aquellos que pasan por la vida con el ceño fruncido, "con mala leche", quizás solo tengan un jardín interior descuidado, donde el exceso de cortisol ha terminado por asfixiar a la serotonina. A menudo olvidamos que el alma, como la tierra, también necesita su poda, su riego y sus tiempos de barbecho. A veces me preguntan de dónde saco las fuer...
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