Lunana, un yak en la escuela: El eco de lo esencial
La vi no hace mucho y me encantó por su serenidad y su paisaje. "Lunana, un yak en la escuela", es de esas películas que me reconcilian con el mundo. No necesita artificios para emocionarme, solo la pureza de su entorno y la honestidad de sus personajes.
El encuentro con lo inesperado
La historia nos presenta a Ugyen, un joven maestro que vive en la capital de Bután y cuyo verdadero sueño no es la docencia, sino cruzar el océano hacia Australia para triunfar como músico. Sin embargo, antes de terminar su contrato, el gobierno lo envía a completar su servicio a Lunana, considerada la escuela más remota del mundo.
El nombre de la aldea, Lunana, significa literalmente "Valle Oscuro". No por falta de luz, sino por su aislamiento extremo en las alturas del Himalaya, un lugar que durante siglos permaneció fuera del mapa para el resto del país. Para Ugyen, este traslado se siente inicialmente como un castigo. Tras una extenuante caminata de ocho días, llega a una comunidad que parece suspendida en el tiempo: un lugar de picos nevados, sin electricidad y con recursos mínimos. Allí, se encuentra con una amabilidad y una calma que lo desarman. Es en ese silencio donde descubre que la música que buscaba no estaba en un escenario, sino en el viento, en los cantos tradicionales Zhungdra y en la mirada pura de sus alumnos.
La visión de Pawo Choyning Dorji
El director, guionista y productor debutó con esta obra nacida de una necesidad personal de reconectar con sus raíces. Dorji apuesta por una autenticidad conmovedora: muchos de los niños que aparecen, como la pequeña Pem Zam, son habitantes reales de la aldea que nunca habían visto una cámara. Es un cine "limpio", sin los artificios habituales. Incluso la producción fue una lección de humildad: todo el equipo de rodaje tuvo que ser transportado a lomos de mulas, una épica del esfuerzo manual que dignifica el resultado final.
Bután: Un refugio espiritual y natural
Es fascinante asomarse a Bután a través de esta película. Es un reino que ha decidido caminar de forma distinta, midiendo su éxito por la Felicidad Nacional Bruta en lugar del dinero. Sus pilares son la preservación cultural y una naturaleza intacta (por ley, el 60% del país debe ser bosque), lo que lo convierte en el único país con huella de carbono negativa.
Sin embargo, el filme es valiente al no mostrar una postal idílica sin fisuras; nos enseña que la modernidad también tienta a los jóvenes que, como Ugyen, buscan fuera lo que creen no tener dentro. Es el último reino budista del Himalaya, donde la espiritualidad no es algo reservado para los días festivos, sino que está presente en cada bandera de oración y en el ritmo pausado de la vida. Bután se siente como un jardín gigante a los pies de las montañas más altas del mundo. Como apunte, cumbres como el Gangkhar Puensum (7.570 metros) nunca han sido escaladas, pues se consideran el hogar sagrado de los espíritus. Esa es la "espiritualidad cotidiana" que respira el filme.
Lo que me atrapa especialmente de esta película es:
La sencillez de la mirada: La cámara observa un entorno donde el tiempo se mide en la conexión con la naturaleza y el canto de los aldeanos.
La música como puente: La banda sonora es mínima, dejando espacio a la voz humana. El canto que Pem Zam ofrece a las montañas es de una pureza sobrecogedora; es música que no busca entretener, sino conectar lo terrenal con lo sagrado.
La búsqueda de la felicidad: El protagonista comprende que el éxito reside en la mirada de esos niños que creen que un profesor "puede tocar el futuro".
Un yak como símbolo: Su presencia en el aula es una metáfora de la coexistencia y el respeto absoluto por lo que nos rodea.
Es una película balsámica. Al terminar, me queda esa sensación de que, a veces, para encontrarse a uno mismo, hace falta perderse donde el aire es escaso (debido a la altura), pero donde la calidez humana lo llena todo. Un diez que no busca deslumbrarte, sino iluminarte.
Fragmento musical: "Yak Puen Pa" (Canción para la ofrenda)
Éste es el sentido de los versos que se escuchan en la película, pertenecientes a la tradición oral de las montañas:
"Ofrezco esta canción a las deidades, que el humo del incienso suba hasta los picos más altos. Que el yak, nuestro sustento, encuentre pastos frescos, y que el corazón del hombre encuentre el camino a casa."
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