La política del jardinero frente al espectáculo (2/2)
Viene de La Velocidad contra la Resiliencia
Siguiendo con la reflexión anterior, esa prisa por "no perder el tiempo" que nos inocularon desde el bachillerato ha colonizado también nuestra forma de entender la sociedad. Hoy, la política parece haber adoptado el motor a reacción: vive de la ultimísima hora, del atentado de ayer, del escándalo de hoy. Se nos exige estar al día de cada tuit para no parecer analfabetos incultos, pero ¿es eso realmente estar informado?
Frente a la política como espectáculo de gladiadores, yo prefiero la política del jardinero. No me interesa el ruido del titular, sino la salud de las raíces. Me importa que el Estado esté bien organizado, que seamos un marco civilizatorio europeo de valores solidarios y, sobre todo, que funcione Hacienda.
Hacienda es la sala de máquinas de la civilización. Es el cimiento que permite que los derechos no sean solo retórica, sino servicios reales. Por eso, me resulta más útil leer una vez al año la Ley de Presupuestos o un buen ensayo de autores como Marina o Innerarity, que perder el tiempo en la espuma de la noticia diaria. En el presupuesto no hay propaganda; hay hechos. Es donde el gobierno confiesa sus verdaderas prioridades.
Vengo de una generación que vivió los años 60 y 70 bajo un ambiente opresivo donde el "no te metas en política" era la norma. Quizá por eso hoy valoro tanto la moderación y la democracia social. No necesitamos soluciones de "vuelo rápido" para problemas complejos; necesitamos instituciones sólidas que aguanten el envite de los tiempos.
Si dejamos de regar la política con el agua superficial de la crispación diaria y nos centramos en fortalecer las estructuras profundas del Estado, quizá logremos una sociedad más resiliente. Al final, un ciudadano culto no es el que sabe qué pasó hace cinco minutos en una red social, sino aquel que comprende qué valores sostienen su libertad y tiene la paciencia de verlos crecer.
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